Estaba en el sofá tirada, cómo si Dios o el viento la hubieran elevado hasta los cielos y de pronto la hubieran soltado sin más, y tal como había caído se había quedado: seguro que no había movido ni un dedo, ni tan sólo las pestañas al parpadear. Sólo el brazo con el que sujetaba la botella de J&B para llevársela a la boca. Y toda esa lamentable escena rematada por la penumbra del salón de mi casa, por el que sólo entraba la luz de las farolas de la calle a través del ventanal, abierto de par en par.

Llevaba mirándola unos cuantos segundos, instantes sueltos entre delirio y delirio de los míos; pero el tiempo que noté -que me pareció, de hecho- era mucho más largo.
Justo llegaba a casa, y me esperaba que ella estuviera fuera, en algún bar o a saber con quién; ni una sola noche se quedaba en casa desde que él la dejó (decía que estar encerrada le hacía pensar demasiado), y ya llevaba 2 largos meses sin levantar cabeza.
Y eso que se esforzaba para que pareciera que no! Que todo iba a mejor, que todo cada vez era mejor. Pero yo, que la acogí en mi casa, que pasé meses conviviendo con ella y que desde entonces la estuve cuidando... yo sabía que no era así.
Y no me hacía falta llegar y encontrármela borracha en mi sofá para "corroborarlo", por así decirlo. Pero ahí estaba, y era algo que me hacía un daño cómo el que sentía ella.

Y entonces volví al mundo real, al tiempo real.
Cerré la puerta de casa y dejé las llaves en el cajón al tiempo que encendía la luz de encima de la puerta, en el pasillo -si se puede decir pasillo de las dos bigas que separan a un lado la puerta, y al otro el salón del loft-. Vi que se movía, cómo quién se despierta por el más pequeño ruido después de haberse quedado traspuesto. Pero ella no dormía, era su cabeza la que había huido.

- Ah! Eres tú... ven, ven aquí conmigo...
No podía... no puedo soportar verla de ese modo, tan borracha y con ese hedor a whiskey.
- Coge un-- una copa... que quiero brindar.

Me cogió por encima de mi mano, y me llenó de whiskey mi vaso.
- Venga, brindemos! Quiero brindar por... umh... no sé por qué -dijo medio sonriente-.
- Oye Gala...
- Ya! ya ya ya ya! Shhhh! Ya ya, ya sé... (se aclara la voz), quiero brindar por lo único que a pesar de la continua lluvia de mierda que nos cae encima, aguanta fuerte y seguro. Brindo por lo único que sobrevive entre tanto asco y desastres. Por lo único que siempre está, que me cuida y no me pide nada a cambio. Estos meses he tocado fondo, sabes? He visto que todo el que ha pasado por mi vida llegó un día, se estuvo conmigo pero nunca nadie se ha quedado... menos tú. Así que brindo por ti.

Chocó la botella con mi vaso volvió a beber. Yo la imité, y dejé el vaso en una mesita.
- Sabes? Ahora mismo eres la única persona que me queda. Sin ti estaría absolutamente sola...
- Gala, venga...
- No! si es verdad, eres lo único que me queda, lo único a lo que aún me puedo agarrar. Si no estu-- estuvieras, entonces sí que estaría completamente hundida, perdida...

Y la besé. Algo que llevaba años dormido dentro de mí, y que con su regreso y tenerla en mi casa había despertado.
Un beso largo, tierno y cálido. Un beso que hacía meses que contenía, pero que se moría de ganas de salir. Me separé de su boca, y Gala empezó a reír.
- Pero qué... qué haces, Eva? Flojeas mucho, eh? Si por un dedo de whiskey te pones así...

 

-Y seguía riendo. Te juro que estuve a punto de hacerme la borracha y dejar que una buena dormida borrara el beso... pero no. Y cuando me miró, por fin entendió qué era lo que pasaba.
- Oye Eva, tiempo muerto. Aún intento hacerme a la idea que la besaras.
- No te habrá molestado que te lo cuente, verdad?
- No mujer! Sólo... que no sabía que tu fueras...
- No sé si me gustan las mujeres o no, me siento tan ridículamente desorientada...
- Así que no... o sea, que sólo es por ella? Que ella te ... te gusta?
- Sé que la quiero. Nunca antes una mujer me había atraído, Anne; o sea que sí, como tu has dicho, todo esto es por ella. Y por todo esto Gala se ha ido sin decir nada. Bonita forma de rechazar a alguien...

Anne.