Aún no me había acostumbrado al caos del viento que me despeinaba. Con el nuevo pelo corto, los cabellos se me embrollaban entre sí, creando un verdadero laberinto para los dedos.
La gente pasaba por mi lado, o más bien era yo la que cruzaba a través de la uniformidad de seres que, visto des del aire, debían de parecer una masa amorfa y triste.
Nunca me lo había parado a mirar desde ese punto de vista: hasta entonces, vagaba por las calles de Londres y -si en ese momento pensaba- quería creer que cada persona de la calle estaba en su mundo; pero ahora ya no me hundo en esa mentira, todos esos andaban dando tumbos sin sentido, como programados para concebir las acciones a realizar, y sin una opción mínima a libertad. Y lo peor, inhibiendo la razón. Ya no sabía que eran, pero eso no eran humanos.
Metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo, rojo, y levanté los hombros para esconder la nariz dentro del cuello del abrigo. Otra ráfaga de aire me puso todo el pelo hacia atrás y dejándome la frente libre.
Adoro este frío.
Llegué a Bradmore Park, y me senté.
Por delante mío pasó una chica joven, que a pesar del frío, iba escotada y con minifalda y con más maquillaje de colores en la cara que unas luces de neón de discoteca.
"Deja ya de bailar,
que se acerca el tiempo
de las soledades
y de los silencios.
Por más que te remoces,
perderás el zapato
antes que den las doce.
Distante cenicienta de porcelana,
el naufragio puede sorprenderte
en tu amable burdel,
encerrada en tu piel
y sin nada que ponerte." [...]
La voz cantó esta canción sentada a mi lado, mientras veíamos que la chica desaparecía entre la multitud.
Anne.

Joder, qué bueno, me ha flipad la canción, en serio.
Jeje, gracias : )
Estuve buscando la canción, que es de Serrat, para ponerla en audio, pero no hubo suerte...
un saludo