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La Coctelera

Poetic Clouds

"A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh..." Play it again, Sam.

Neko

3 Noviembre 2009

My soul is Dark

My Soul is Dark

                    My soul is dark - Oh! quickly string
                        The harp I yet can brook to hear;
                    And let thy gentle fingers fling
                        Its melting murmurs o'er mine ear.
                    If in this heart a hope be dear,
                        That sound shall charm it forth again:
                    If in these eyes there lurk a tear,
                        'Twill flow, and cease to burn my brain.

                    But bid the strain be wild and deep,
                        Nor let thy notes of joy be first:
                    I tell thee, minstrel, I must weep,
                        Or else this heavy heart will burst;
                    For it hath been by sorrow nursed,
                        And ached in sleepless silence, long;
                    And now 'tis doomed to know the worst,
                        And break at once - or yield to song.

George Gordon Byron.

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1 Noviembre 2009

Evil treats

 - ¡¡Vamos mamá!!
- Carl, no seas impaciente... ¿ves? Ya está terminado.

El niño, sólo en calzoncillos, corrió hacia donde su madre estaba sentada y en un abrir y cerrar de ojos, se vistió con el disfraz que su madre le había estado arreglando para ese día. Carl lucía un "maillot" de cuerpo entero, negro, con unas líneas cosidas sobre la tela con hilo (gordo) blanco. En conjunto, la imagen era de un chico de 9 años disfrazado de esqueleto, y tan emocionado que no cabía en su piel.

- ¡Hay que ver que guapo estás, cielo!
- Mamá...¿falta mucho para que llegue Lail?
- Pues no... deberían estar ya aq---

El timbre interrumpió la frase antes de que Marian pudiera terminar.
Lail y sus padres habían llegado. El pequeño amigo de Carl iba vestido con una camisa blanca, ensuciada a propósito y con los puños y cuello rasgados. Unos pantalones manchados con algo que imitaba la sangre y unas converse "All Stars" negras, nuevecitas. Además llevaba la cara maquillada con tonos lilas y color sangre en las comisuras de la boca. Y Susan se había encargado de ponerle una bufanda porqué fuera hacía un frío considerable. Se notaba que tanto Susan como Lail (padre) se habían encargado un año más de que su hijo fuera el mejor vestido de la noche de Halloween, aunque se gastaran más de 500 £ sólo por una noche. Era un milagro que Lail (hijo) no fuera un niño mimado de los que dan asco.

- ¡Vaya Lail, que miedo das!
- ¡Este año el pequeño de la casa se nos ha vuelto un zombie! -dijo Lail (padre) sonriente-.
- ¿Y este esqueleto tan guapo? -preguntó Susan haciendo cosquillas en la barriga a Carl-.

En ese momento Harry salió de la cocina con el delantal todo sucio de restos anaranjados, y con dos calabazas vaciadas, limpiadas, con un par de caras talladas y forradas por el interior con tela negra, y que a la vez se unía por arriba a modo de asa. En conclusión: dos bolsas-calabaza.

- ¡Que chulas papá!
- ¡Gracias señor Mitchell!
- De nada chicos, ¡pero quiero que al volver las traigáis llenas de caramelos!
- Creo que aceptarán el trato con gusto, Harry -bromeó el padre de Lail, y todos rieron mientras los chicos examinaban aún las bolsas confeccionadas por el padre de Carl, que le habían llevado toda la tarde y parte de la mañana también-.

Los padres de Lail entraron en casa de los Mitchell y los niños salieron a la calle en busca de caramelos y chuches o, también podía ser, pastelitos, no perderían la esperanza.

Los chicos tenían la ruta estudiada: primero la casa de los Marshall, unos abuelos entrañables a quienes su hijo y su nuera llevan años sin visitar (tienen una nieta que ni conocen). Desesperados y con carencias de afecto, son generosos con los caramelos.
Después los Taylor, un matrimonio americano cansado de Nueva York, y su hija Carol, la chica rubia de 17 años más popular de todo el pueblo. Conscientes que son populares gracias a la chica, se lucen con chocolatinas para que la gente hable bien.
En tercer lugar, unas cuantas calles más abajo, la señora Collins, una mujer entrada en la cuarentena que intenta quedarse embarazada (pero lleva el tema con discreción, o lo haría si su vecina no la hubiera descubierto sin querer un día mientras pegaba la oreja a la pared para escuchar su conversación por teléfono y se lo hubiera contado a todo el barrio) que sólo logra relaciones amorosas frustradas porqué en el fondo está enamorada de su jefe. Le gustaban los críos, así que daba buenos premios.

Otra opción era la residencia de las hermanas Larsson, dos mujeres de treinta años que buscan desesperadamente dos hombres (a ser posible) para casarse o lo que sea, pero para siempre, y como nunca se sabe si el niño que llama a la puerta es huérfano de madre... dan unas bolsas de chuches y bombones muy ricas.

Y finalmente la casita de Rachel Woods, la estudiante que asiste a Oxford pero vive fuera de la residencia. Cada año monta unas buenas fiestas de Halloween, así que resulta más cómodo dar caramelos de los buenos, así es más rápido y se ahorra las quejas.

Pero ese año, la casa de Rachel no fue la última que visitaron. Tras la casa de la estudiante, en la cima de una colina se alzaba una mansión que siempre había restado abandonada. Pero ese año a los niños les llamó la atención: había luz en las ventanas.

- Carl ¿tu sabes quién vive allí?
- Pues no... ni sabía que nadie se hubiera mudado al pueblo...

Lail miró pícaro a Carl.

- ¿Quieres echar un vistazo a los nuevos?
- Pero Lail... no lo sé... no me parece buena idea.
- Vaaamooos... ¿y si nos dan unas grandes bolsas de chuches como presentación en el pueblo? ¡ O pastelitos!!!!
- Lail...
- ¡Venga!

Lail agarró por el brazo a Carl y echó a correr hacia la mansión.
Al llegar, las cosas no fueron más apetecibles por Carl: la puerta, desmesuradamente alta y toda podrida. Y las paredes estaban igual. Se sentía un olor a orín de los perros que habían meado durante años allí. A fuera era ya de noche, y la luz de la mansión había menguado, sólo había alguna luz encendida en las últimas ventanas. Pero Lail parecía incluso emocionado.
Y llamó a la puerta, ignorando los peros que Carl le intentaba decir.
La puerta se abrió y apareció detrás, una silueta vestida de negro con una máscara de cara entera, parecida a la cara triste del teatro griego.

- ¡Trick or treat! -dijo Lail con una sonrisa en la boca, una sonrisa que se le borró inmediatamente-.

La figura miró a los dos niños y Carl dio dos pasos atrás. Entonces todo pasó muy rápido: La forma cogió a Lail y Carl intentó agarrar a su amigo por el brazo, pero sólo pudo coger la calabaza que al tirar de ella su asa cedió y petó, tirando todos los caramelos por el suelo. Lail y la figura desaparecieron en la oscuridad de la casa, y de golpe los gritos de Lail cesaron.
Y entonces, la silueta reapareció y postró delante de los ojos de Carl al pequeño cuerpo sin vida, con la cabeza abierta y a quién habían degollado, Lail. Todo el pecho del niño estaba cubierto de sangre.
Los ojos llenos de lágrimas de Carl se posaron en los vacíos de vida de Lail.
Entonces la figura se agachó y recogió un caramelo en forma de esqueleto, que ofreció a Carl.


Have a frightening Halloween
!!

A
nne.

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15 Agosto 2009

Thoughts

Si hay algo que resulta realmente odioso, y que a pesar de ello no puedo remediar, es la de tonterías y malabares que una hace para que el resto de la sociedad la acoja. Ese constante intento de formar parte de una "familia" aunque seamos conscientes que se parece más a una secta. El gustar a los demás.
Remover cielo y tierra para que una determinada persona se fije en tí, y después, la lucha para que te quiera. Y sabemos que siempre (tarde o temprano) acabará en dolor, irremediable y tenaz dolor. Y que sólo gustar a otro tapará ese primer dolor, cosa completamente ilógica porqué solo conseguiremos otra bofetada moral.

¿Y la de veces que hacemos burradas para que nos acepten? Tales, que se nos van de las manos, y que terminan logrando el efecto contrario al que queríamos nosotros.

Tengo cada vez más claro que estamos condenados a una esencialidad de dolor, y hay quién me considera por esto una adepta de Schopenhauer. Jamás diré que Arthur no llevara razón, pero crea o no en el empirismo, he pasado por ello miles de veces, y me estoy hartando. Pero lo que me fascina es que repito una y otra vez los mismos errores; el más frecuente es no fijarme bien si él tiene las cosas claras o no.
Todas esas dudas, la sensación que nace en ti de inseguridad sobre si ha cambiado algo en él que hace que te rechace, y lo que conduce a errores de esos que no se pueden arreglar.

En definitiva: vaya mierda.

Felicidades a todas las Marías, que no son pocas.

Anne.

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4 Julio 2009

Mundo de porcelana...

Aún no me había acostumbrado al caos del viento que me despeinaba. Con el nuevo pelo corto, los cabellos se me embrollaban entre sí, creando un verdadero laberinto para los dedos.

La gente pasaba por mi lado, o más bien era yo la que cruzaba a través de la uniformidad de seres que, visto des del aire, debían de parecer una masa amorfa y triste.

Nunca me lo había parado a mirar desde ese punto de vista: hasta entonces, vagaba por las calles de Londres y -si en ese momento pensaba- quería creer que cada persona de la calle estaba en su mundo; pero ahora ya no me hundo en esa mentira, todos esos andaban dando tumbos sin sentido, como programados para concebir las acciones a realizar, y sin una opción mínima a libertad. Y lo peor, inhibiendo la razón. Ya no sabía que eran, pero eso no eran humanos.

Metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo, rojo, y levanté los hombros para esconder la nariz dentro del cuello del abrigo. Otra ráfaga de aire me puso todo el pelo hacia atrás y dejándome la frente libre.
Adoro este frío.
Llegué a Bradmore Park, y me senté.
Por delante mío pasó una chica joven, que a pesar del frío, iba escotada y con minifalda y con más maquillaje de colores en la cara que unas luces de neón de discoteca.

"Deja ya de bailar,
que se acerca el tiempo
de las soledades
y de los silencios.
Por más que te remoces,
perderás el zapato
antes que den las doce.
Distante cenicienta de porcelana,
el naufragio puede sorprenderte
en tu amable burdel,
encerrada en tu piel
y sin nada que ponerte
." [...]

La voz cantó esta canción sentada a mi lado, mientras veíamos que la chica desaparecía entre la multitud.

Anne.

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30 Mayo 2009

A Story (5)

En cuestión de pocos segundos, la sangre que se había congelado en mis venas, me subió de golpe irrigándome el cerebro. Salí de detrás de la esquina corriendo hacia allí. Pude oír los gritos susurrados de Eva a mi espalda. Mientras, ella ya se había metido dentro del bote con Gabriel. Frené al estar cerca de Joseph.
- Joseph, eres una sucia alimaña de cloaca.
- Y tu una zorra entrometida. Deja que el pobre chico se vaya, te quiere perder de vista Emma, y ya le he dicho que es lo mejor que puede hacer...
Alcé mi puño y andé hacia él.
- Te voy a partir la cara, pedazo de--
Noté una mano que me agarró; Gabriel me cogió con fuerza por el brazo que tenía alzado. Se había demacrado, parecía 40 años mayor. Estaba pálido y delgado, como alguien muy enfermo. Sus ojos, tan azules, se clavaban amenazadoramente en los míos. Todo quedó parado unos instantes.

- Vete.

La palabra que rompió el silencio contenido en el puerto. Supongo que fue por todo lo que había pasado en a penas 10 horas, pero no pude evitar llorar mientras tenía la mirada fijada en sus ojos, llenos de odio. Un odio que no sabía de donde venía.

Todo empezó hacé 2 semanas, por la tarde. Se puso a llover a cántaros y no podíamos salir del Blue Jazz. Yo fuí al baño. Cuando salí vi a Gabriel hablando con una mujer que estaba sentada en mi sitio, de espaldas a mi. Gabriel estaba serio. Yo me esperé delante de la puerta del baño de chicas, tapada por la multitud de dentro del bar. Cuando ella se levantó y se fue yo volví a la mesa. Entonces vi a un Gabriel diferente al de hacía 10 minutos: serio, triste y cabreado, inmerso en su mundo. Era como si un horrible sufrimiento salido de la nada le atormentara. Pero decía que no le pasaba nada. Le pregunté por esa mujer, y miles de veces, pero nunca me dio ni una respuesta.
A partir de allí las cosas se torcieron. Le llamaba para ir a comer, para dar un vuelta, para ir al cine o a pasar el rato en el Blue Jazz; pero dijera lo que dijera siempre la misma respuesta "no, no me apetece" o ni me cogía el teléfono. Hasta que tras una semana de no verle, un día fui a buscarle a casa pensando que podía estar deprimido, y al decirle que no podía encerrarse me cortó alargando la frase: Te he dicho que no quiero verte, déjame en paz. Parecía enfadado conmigo, pero yo no le había hecho nada. Estaba huraño, frío y behemente, como irado. Me aparté de él, y pensé que si era un amigo, tarde o temprano vendría a hablar conmigo. Pero no fue así.
Y yo no entendía qué pasaba. Hasta que hace dos días Eva me dijo que había visto a Gabriel varias veces con esa mujer morena, pero no daban imagen de pareja, sino como que Gabriel la siguiera a dónde fuera que ella fuese. Eva también dijo que en ningún momento les vio hablar, nunca. Y fue cuando decidí volver a intentar hablar con él. Pero no quiso. Acabó gritándome, diciéndome que saliera de su vida, que no me metiera más, que no se separaría nunca de ella. Que no necesitaba a nadie ni nada más. Viendo esa conducta enloquecida, ayer Eva y yo decidimos que hoy nos llevaríamos a Gabriel a mi casa y vigilaríamos que no se fuera. Pero por la mañana me han llamado del hospital por mi padre y he tenido que dejar a Eva sola con Gabriel en casa, y por ello ahora estaba así, en el puerto y con él agarrándome el brazo.

- Vete de aquí.
- ¿Porqué haces esto?
- Vete Emma, lárgate de una vez.
Me soltó el brazo.
- No puedes irte sin más.
- Me voy con Zaida.
- ¿Sólo por ella? Oye, puede que te hayas enamorado, pero si ella no lo comparte no tiene sentido que--
- No te engañes, no va de esto, imbécil -dijo la frase sin entonaciones, ninguna expresión, en un tono completamente en línea recta-.

Entonces, Gabriel giró la cabeza hacia atrás y de allí salió ella.
Zaida era una mujer alta; con melena negra; de piel blanquísima, pálida como un muerto; no tenía color el las mejillas, y tenía unos ojos tan negros que no se le diferenciaban las pupilas. Salió de la sombra hacia la luz del fanal, pero parecía que hubiera aparecido de la nada, silenciosamente.
En aquél momento sentí frío por todo el cuerpo. Ya no sabía absolutamente nada de lo que estaba pasando, i ni estaba segura de si saldría de ese lío, pero tenía la completa certeza de una cosa: Zaida no era un ser humano corriente.  

Anne.

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24 Mayo 2009

Admission

 Salgo del vacío negro, pero aún sin abrir los ojos por mi nariz penetra un olor que me despierta de golpe, como si me aplaudieran al lado de la oreja.
- ¡¡Mierda!! ¡El queso!
Me levanto como un cohete del sofá y voy hasta la cocina, donde el trozo de queso que había puesto a freír a fuego lento para fundirlo -antes de dormirme en el sofá-, ahora está quemado y duro y parecía una arma blanca.
Profano un largo "Diooos..." mientras desincrusto el residuo lácteo chamuscado de la sartén; y por mi espalda me sube un escalofrío. Abro las ventanas de la cocina para que se vaya el olor a quemado.

 En ese mismo instante, un ladrón salía corriendo del cajero automático de la plaza dónde acababa de atracar a una mujer morena y saltaba en medio de la calle obligando a un conductor a frenar en seco para no atropellarle. Al otro lado de la calle, ya más arriba, una chica embarazada se encontraba con su hermana y su cuñado, con quienes se para a hablar. Y calle aún más arriba, un doberman olisqueaba a un gatito blanco y peludo, que mal fiándose del can, ya tenía una pata agarrada al árbol de detrás suyo a punto por si tenía que trepar corriendo.
Y seguramente que si la mujer morena a la que habían robado se hubiera desmayado de la impresión o es susto; si el conductor del coche no hubiera frenado y se hubiera llevado por delante al atracador que salía corriendo del cajero automático; si la chica que estaba en un estado avanzado de embarazo hubiera roto aguas allí, en medio de la acera; o si el gatito estuviera en peligro sobre el árbol sin poder bajar por la amenaza del peazo doberman que le esperaba en el suelo... Eric, por fuerza se habría detenido para ayudar a la morena del cajero; a ver al atracador tirado por el suelo; se hubiera detenido ante el escándalo de gritos de la chica que empezaba en proceso del parto -y de los gritos de su hermana también-; o hubiera apartado al doberman del pie del árbol para coger el gatito. Así, Eric hubiera tardado en llegar a mi casa y yo habría tenido tiempo de arreglar el careto que llevo al que sólo le falta un letrero que diga: Soy un desastre y nadie me quiere (ni yo misma).

Pero no fue así.
El timbre de mi casa sonó. Era Eric, y no llevaba ningún gatito blanco y peludo.
Sus palabras "hoy es el tercer día que no vienes a trabajar y no has dicho nada, me estoy preocupado, vamos a hablar" me cayeron como mi propia losa encerrándome en mi tumba. Sería la primera vez que lo admitiría en voz alta y con testigos, y empecé a llorar.

Anne.

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4 Mayo 2009

Moving again.

- Esa... Cherry nosequé, no tiene nada -dice, ojeando una revista-.
- Jajaja, eres el primer hombre a quién le escucho esa frase, Dick.
- Jane, ella sí que lo tiene todo.
- No hay nada como el amor, ¿eh Dick? -apago la colilla que tenía en la mano-.
- Sí Anne, tengo 68 años y sigo enamorado de mi mujer como el primer día.
- Pues díselo a ella, pero sinceramente Dick, no como las otras 4 veces del mes pasado. A ver si consigues que te perdone los cuernos, y te vas de aquí.
- ¿Acaso te molesto?
- ¡SÍ!

Me acerco a la terraza y asomo la cabeza. Las calles de París siempre me gustarán, no puedo hacerle nada. Esos tejados enmarcando cada casa, cada mundo, son tan bonitos... y la gente andando por el suelo de piedra, cada uno a un ritmo distinto... cada persona diferente de las demás... Y en los días lluviosos como hoy, aún es más bonito, aunque supongo que en parte es porque me recuerda a casa.

- Anne, no le puedo hacer nada...
- Lo que no logro entender es... a tu edad... ¿cómo? ¿cómo lo consigues?
- No es mi cuerpo, sino mi espíritu, todavía joven. ¿Porqué me pones esa cara?
- Es que ya entiendo porque Jane te ha echado 4 veces, 5 con ésta.
- Mira, yo ya no sé como disculparme... -Dick se apoyó los codos en las rodillas, y escondió la cara entre las manos, sentado en la tumbona-.
- Sí sabes disculparte, lo que no sabes es no volverte a equivocar. Por el bien de todos Dick, pídele perdón a Jane otra vez y ésta, que sea la última. Mantén tu bragueta cerrada, ¿ok?

Dick separó los dedos de la mano, mostrando unos de sus ojos azules. Asintió desde detrás de sus manos.

- Me recuerdas tanto a mi hija, Anne.

Me arrancó una sonrisa. Era un hombre que conseguía ponerme nerviosa con sus líos de faldas (a su edad), pero era muy entrañable. Todos los de la pensión lo eran. Entré en la escalera y bajé un piso, hasta mi habitación. Allí, en esa pequeña sala de una pensión más bien modesta de la periferia de París, había pasado mis mejores momentos en Francia. 
Dentro de dos o tres minutos empezará a llover, y madame Aimée subirá corriendo a entrar la ropa que tenía colgada fuera. Y la pequeña Ivette la seguirá. Adele le ofrecerá ayuda, gritando. Se escuchará a Paul, el  bohemio pintor, quejarse del ruido. Y poco a poco saldrán todos profanando un murmullo de quejas que la misma Aimée tendrá que apagar.

Cuánto les echaré de menos...

Anne.

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17 Abril 2009

Puntos de vista

Estaba sentada frente a él en la sala de profesores, y aunque tenía suficiente trabajo para pasar la noche en vela, cada momento vacío de pensamiento se le iban los ojos hacia él. Tapa el boli y se reclina en la silla, incómoda.

- Realmente esto de ser profe es una tortura - dice ella tocándose el cuello-.
- Je, muy cierto, pero si ahora sólo llevas una materia ¿qué harás cuándo seas coordinadora?
- Es fácil: decir que no a todo, como haces tú.
- Eres cruel...
- Pero además, ¿quién te ha dicho a ti que yo llegue a coordinadora? ¡Yo! Ni loca...
- No sé, yo te veo capacitada...
- A ti lo que te pasa es que ya estás harto y me quieres colgar el muerto a mí.
- También.
- ¡Pero qué morro tienes!

Ambos sonríen un momento, callados. Después él baja la cabeza y sigue corrigiendo trabajos, pero ella se le queda mirando. Definitivamente no puede entenderlo: siempre se ha sentido atraída por el físico de los hombres, el prototipo ideal de elegancia, educación y belleza. El hombre maduro. Y él era tan distinto a eso, era unos 15 años mayor que ella y físicamente no era nada extraordinario, y siempre vestido con jerséis una talla más que la suya. Era el típico bohemio. Pero era tremendamente sarcástico y muy inteligente. Y eso hizo que se fijara en él, aunque nunca antes le había importado si su amante (el que fuera) sabía algo de las antiguas religiones o las primeras civilizaciones, o algo relacionado con la antropología humana o la evolución. ¿Pero porqué precisamente ahora le interesaba eso en un hombre? ¿Porqué le interesaba él? Si era un compañero de trabajo, y él ya tenía una familia...

Se desabrocha un botón de la camisa.

- Oye, llevamos más de tres horas extras ya, son casi las siete y media -dice ella suavemente- .

Él levanta la cabeza y se la queda mirando, como sorprendido. Al cabo de unos segundos deja su boli encima del dossier que leía y se frota los ojos. Bosteza.

- Sí... será mejor parar un rato...
- ¿Cómo es que hoy te has quedado? -pregunta sonriente ella- Siempre sales corriendo casi...
- Me iba mejor aprovechar el tiempo, hubiera perdido una hora entera hasta llegar a casa...
- Vaya, veo que intentas evitar la corrección nocturna de trabajos ¿eh?

Ambos sonríen.

- Oye -dice él- llevas la camisa desabrochada.

Ella se queda un momento en silencio. No sabe que decir, por qué le apetece lo que no debería, pero se decide.

- Lo sé.

Se quedan en silencio mirándose a los ojos, y él le sonríe.

- ¿Te apetece ir a tomar algo? -propone él-.
___________________________________________________________________________________

Estaba sentado delante de ella en la sala de profesores. Tenía que estar leyendo los trabajos de sus alumnos, pero no se concentraba. Tenerla cerca le ponía nervioso, porque se sentía de una forma que no debería. Oye el chirrido agudo de la silla de ella y la mira.

- Realmente esto de ser profe es una tortura -dice ella tocándose el cuello-.
- Je, muy cierto, pero si ahora sólo llevas una materia ¿qué harás cuándo seas coordinadora?
- Es fácil: decir que no a todo, como haces tú.
- Eres cruel...
- Pero además, ¿quién te ha dicho a ti que yo llegue a coordinadora? ¡Yo! Ni loca...
- No sé, yo te veo capacitada...
- A ti lo que te pasa es que ya estás harto y me quieres colgar el muerto a mí.
- También.
- ¡Pero qué morro tienes!

Ambos sonríen un momento, callados. Después él baja la cabeza hacia la montaña de trabajos, pero es incapaz de concentrarse. Se siente mal por mirarla como la mira, sobretodo teniendo su mujer en casa, con su hijo. Además, ella era mucho más joven que él. Pero no puede evitarlo, ya fue seco en palabras, pero no dio resultado porque generó tensión y aún así la tenía que ver cada día. Además siempre había criticado a las mujeres como ella: La típica rica que se cree demasiado buena para seguir con el negocio de papá y quiere ser distinta de su familia burguesa, pero que viste de marca y conduce el último modelo de coche (no precisamente barato). Y trabaja por el capricho tonto de ir contra capitalismo, mientras el salón de su casa era más grande que un polideportivo.

Pero al conocerla mejor vio que estaba equivocado. Ella no era así. No era corta de luces como él creía, sino que era muy lista y racional, era fiel a sus principios y le gustaba enseñar, por eso trabajaba. Y era guapa, pero sin salir de lo común. ¿Pero porqué se había fijado en ella? Si las cosas no iban tan mal en casa como para pensar en otras, y él quería a su familia...

- Oye, llevamos más de tres horas extras ya, son casi las siete y media -oye que dice ella- .

Él levanta la cabeza. La imagen le atonta: La luz naranja del sol cae encima de ella, tan cálida y guapa, reclinada en su silla. Y no puede negar su cuerpo bonito, sus senos un poco descubiertos por el botón desabrochado de su camisa. Pero automáticamente desvía la mirada, deja el boli que tenía en la mano y se frota los ojos. Se avergüenza de pensar en ella así. Para despistar, bosteza.

- Sí... será mejor parar un rato...
- ¿Cómo es que hoy te has quedado? - pregunta sonriente ella- Siempre sales corriendo casi...
- Me iba mejor aprovechar el tiempo, hubiera perdido una hora entera hasta llegar a casa...
- Vaya, veo que intentas evitar la corrección nocturna de trabajos ¿eh?

Ambos sonríen.
Pero no era cierto. Sabía que ella se quedaba, por eso él había decidido por la mañana que pasaría el resto del día fuera. Y había avisado a su mujer para que no le esperara por la noche con la misma excusa del tiempo y que iba contra reloj, que ya veríamos que haría...

- Oye, llevas la camisa desabrochada -le incomoda pensar que se le puedan ir los ojos hacía el escote y que ella se de cuenta-.
- Lo sé.

No esperaba esa respuesta, y no sabe si está bromeando. Se la queda mirando fijamente, directamente a los ojos y eso es suficiente para ver que no era ninguna broma. Que era un mutuo acuerdo de atracción. Se siente mal por esa situación, por alegrarse de ver el interés de ella; por traicionar a su mujer. Pero es más fuerte lo que desea ahora.

- ¿Te apetece ir a tomar algo?.

Anne.

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Sobre mí

Todo el que pase será bienvenido y espero que os guste lo que podáis leer aquí. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: I can hear the sounds of violins long before it begins, make me thrill as only you know how; sway me smooth, sway me now... "Adoro no saber lo que voy a hacer. Disfruto cualquier tipo de plan loco que surja. Pasaría felizmente un día yendo por ahí montando en montañas rusas. Cuanto más peligroso mejor". ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: I wear sophisticated clothes, I say sophisticated things, everything about me says I'm a sophistication queen. But when I'm with you, can't seem to find my cool. Yeah, when I'm with you, I just site there and drool... And when you ask me what's on my mind all I can think to answer is "fluh-uh". When I'm with you, I'm just a dribbling fool... :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

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