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La Coctelera

Poetic Clouds

"A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh..." Play it again, Sam.

Neko

2 Julio 2010

Mal Augurio

 - Hay veces... hay veces en que un lamento no lo arregla todo. Y tú sabes que ahora esto no te sirve.
- ¿Y qué me propones? -chilló con su voz ronca. Daba verdadero miedo-.
- Oye, por favor, no me grites...
- ¿¡Pues dime qué se supone que tengo que hacer!?
- ¡QUE NO ME GRITES JODER!

Se hizo un silencio medio tenso, por el tono histérico que había cobrado la conversa; y medio asustado, porqué al contrario que André, que siempre era brusco, tosco y violento, Mina jamás pegaba voces. Nunca. Poco a poco, él se tranquilizó (sólo un poco) y ella recobró su serenidad fría.

- ¿Te crees que puedes mandar a ese... engendro de perro tuyo a buscarme y traerme aquí sin darme una sola explicación y siempre con malos tratos, y que encima puedes gritarme y exigir ayuda?
- Yo... lo siento -y jamás esas palabras habían sonado tan falsas y desesperadas a la vez-.
- No. Tú no sientes nada.
André iba a reprochar esa acusación, pero ella no le dio tiempo.
- Si pudieras sentir algo, por pequeño que fuese, dentro de esa piedra que tienes por corazón -y por cerebro, pensó- ahora mismo no estaríamos alterados de este modo porqué tenemos el cadáver de una chica que tú has matado. ¿No crees?
André no pudo decir nada. Y ciertamente era mejor callar, dado que Mina no estaba en un modo receptivo y cualquier réplica podía salirle a uno muy caro. Pasado un rato, dijo con un hilo de voz:
- No lo está.
- ¿El qué?
- Que no lo está. No está muerta.
Mina, que se había puesto un par de pasos por delante de André y miraba el cuerpo de la chica tirado en medio del suelo del cobertizo, se giró hacia André con la expresión desencajada y los ojos muy abiertos, como diciendo que si le tomaba el pelo otra vez él sería el siguiente. Y André entendió exactamente eso.
- Guillermina, es verdad y si no me crees, compruébalo.
La mujer no apartó en seguida la mirada de André. De hecho, pensaba, no sé que sería peor: viva o muerta.

Lentamente se volvió otra vez hacia el cuerpo. Era una muchacha muy joven, tal vez unos 19 años, aunque era algo arriesgado decirlo tan concreto. Tenía la piel de todo el cuerpo llena de arañazos, cortes y golpes. El vestido, que indicaba que era de buena familia porqué era de muy buena calidad, estaba rasgado y lleno de agujeros. Y en la boca, tenía un corte que nacía de la comisura izquierda, como si le hubieran metido un cuchillo en la boca y hubieran cortado a partir de ahí, hasta la mejilla. Toda ella estaba bañada en sangre. Tenía el hombro derecho y la muñeca izquierda dislocados, y una pierna rota. Y había perdido un zapato, a saber cuándo.
Si no estás muerta -se dice Mina- en cuanto despiertes, desearás estarlo. Dios... te dolerá todo.

Mina se agachó, y palpó el cuello sucio de la muchacha aparentemente inerte. Mina hizo una mueca y cerró los ojos como si alguien le hubiera comunicado la muerte de su ser más querido.
En el cuello de la chica había pulso.
Pobre desgraciada, pensó Mina.

Anne.

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14 Enero 2010

Cada vez que...

- ¿Sabes? A veces pienso que me gustaría enmarcar cada paso que doy, cada huella que marco en el suelo. Cada destello de tu pelo. Cada primera sonrisa de la mañana al levantarme. Cada vez  que siento el olor del café recién hecho. Cada vez que me coges de la mano o me acaricias el brazo. Cada niño que me ha preguntado la hora alguna vez, esos irían en blanco y negro; y en color, todos des del primero que empezó la pregunta con: "disculpe señora, ..." . Cada escalofrío que he sentido subiendo por mi piel. Cada milímetro que el pelo me ha crecido. Cada copa que he tomado. Cada beso que he dado. Cada beso que me has dado. Cada trazo en una tela. Cada gota de color en mi mano. Cada vez que una carcajada ha cubierto el silencio de un vagón de tren. Cada lágrima que he llorado por una obra de teatro. Cada crepitar de la madera ardiendo en una chimenea encendida. Cada vez que abro un libro y las páginas huelen a antiguo, con ese amarillo que han ido cogiendo. Cada tarde de noviembre que he pasado sentada en la playa, junto a unos pescadores, y que viendo el mar en frente, he agarrado un puñado de arena y una poca se ha escapado por los lados de mi puño. Cada minuto que te he mirado dormir. Cada bofetada que me han pegado. Cada vez que he perdido. Cada vez que Tina se dormía encima de mis rodillas y yo notaba su calor mientras le acariciaba entre las orejas. Cada paseo y cada abrazo tan satisfactoriamente inesperado. Cada golpe de suerte y cada vez que se ha terminado.

¿Y sabes el por qué de todo esto? Porqué ahora estaría mirando esos instantes que hubiera ido cazando, reteniendo y coleccionando; en vez de estar tontamente desnuda en mi cama, mirando por la ventana.
Los podría revivir una y otra vez, y cada vez parecería que los vivo de verdad, en vez de estar pensando que me gustaría haber podido enmarcar cada momento para disimular que ya no están, que los he perdido.

Anne.

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29 Diciembre 2009

Confesiones...

Estaba en el sofá tirada, cómo si Dios o el viento la hubieran elevado hasta los cielos y de pronto la hubieran soltado sin más, y tal como había caído se había quedado: seguro que no había movido ni un dedo, ni tan sólo las pestañas al parpadear. Sólo el brazo con el que sujetaba la botella de J&B para llevársela a la boca. Y toda esa lamentable escena rematada por la penumbra del salón de mi casa, por el que sólo entraba la luz de las farolas de la calle a través del ventanal, abierto de par en par.

Llevaba mirándola unos cuantos segundos, instantes sueltos entre delirio y delirio de los míos; pero el tiempo que noté -que me pareció, de hecho- era mucho más largo.
Justo llegaba a casa, y me esperaba que ella estuviera fuera, en algún bar o a saber con quién; ni una sola noche se quedaba en casa desde que él la dejó (decía que estar encerrada le hacía pensar demasiado), y ya llevaba 2 largos meses sin levantar cabeza.
Y eso que se esforzaba para que pareciera que no! Que todo iba a mejor, que todo cada vez era mejor. Pero yo, que la acogí en mi casa, que pasé meses conviviendo con ella y que desde entonces la estuve cuidando... yo sabía que no era así.
Y no me hacía falta llegar y encontrármela borracha en mi sofá para "corroborarlo", por así decirlo. Pero ahí estaba, y era algo que me hacía un daño cómo el que sentía ella.

Y entonces volví al mundo real, al tiempo real.
Cerré la puerta de casa y dejé las llaves en el cajón al tiempo que encendía la luz de encima de la puerta, en el pasillo -si se puede decir pasillo de las dos bigas que separan a un lado la puerta, y al otro el salón del loft-. Vi que se movía, cómo quién se despierta por el más pequeño ruido después de haberse quedado traspuesto. Pero ella no dormía, era su cabeza la que había huido.

- Ah! Eres tú... ven, ven aquí conmigo...
No podía... no puedo soportar verla de ese modo, tan borracha y con ese hedor a whiskey.
- Coge un-- una copa... que quiero brindar.

Me cogió por encima de mi mano, y me llenó de whiskey mi vaso.
- Venga, brindemos! Quiero brindar por... umh... no sé por qué -dijo medio sonriente-.
- Oye Gala...
- Ya! ya ya ya ya! Shhhh! Ya ya, ya sé... (se aclara la voz), quiero brindar por lo único que a pesar de la continua lluvia de mierda que nos cae encima, aguanta fuerte y seguro. Brindo por lo único que sobrevive entre tanto asco y desastres. Por lo único que siempre está, que me cuida y no me pide nada a cambio. Estos meses he tocado fondo, sabes? He visto que todo el que ha pasado por mi vida llegó un día, se estuvo conmigo pero nunca nadie se ha quedado... menos tú. Así que brindo por ti.

Chocó la botella con mi vaso volvió a beber. Yo la imité, y dejé el vaso en una mesita.
- Sabes? Ahora mismo eres la única persona que me queda. Sin ti estaría absolutamente sola...
- Gala, venga...
- No! si es verdad, eres lo único que me queda, lo único a lo que aún me puedo agarrar. Si no estu-- estuvieras, entonces sí que estaría completamente hundida, perdida...

Y la besé. Algo que llevaba años dormido dentro de mí, y que con su regreso y tenerla en mi casa había despertado.
Un beso largo, tierno y cálido. Un beso que hacía meses que contenía, pero que se moría de ganas de salir. Me separé de su boca, y Gala empezó a reír.
- Pero qué... qué haces, Eva? Flojeas mucho, eh? Si por un dedo de whiskey te pones así...

 

-Y seguía riendo. Te juro que estuve a punto de hacerme la borracha y dejar que una buena dormida borrara el beso... pero no. Y cuando me miró, por fin entendió qué era lo que pasaba.
- Oye Eva, tiempo muerto. Aún intento hacerme a la idea que la besaras.
- No te habrá molestado que te lo cuente, verdad?
- No mujer! Sólo... que no sabía que tu fueras...
- No sé si me gustan las mujeres o no, me siento tan ridículamente desorientada...
- Así que no... o sea, que sólo es por ella? Que ella te ... te gusta?
- Sé que la quiero. Nunca antes una mujer me había atraído, Anne; o sea que sí, como tu has dicho, todo esto es por ella. Y por todo esto Gala se ha ido sin decir nada. Bonita forma de rechazar a alguien...

Anne.

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3 Noviembre 2009

My soul is Dark

My Soul is Dark

                    My soul is dark - Oh! quickly string
                        The harp I yet can brook to hear;
                    And let thy gentle fingers fling
                        Its melting murmurs o'er mine ear.
                    If in this heart a hope be dear,
                        That sound shall charm it forth again:
                    If in these eyes there lurk a tear,
                        'Twill flow, and cease to burn my brain.

                    But bid the strain be wild and deep,
                        Nor let thy notes of joy be first:
                    I tell thee, minstrel, I must weep,
                        Or else this heavy heart will burst;
                    For it hath been by sorrow nursed,
                        And ached in sleepless silence, long;
                    And now 'tis doomed to know the worst,
                        And break at once - or yield to song.

George Gordon Byron.

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1 Noviembre 2009

Evil treats

 - ¡¡Vamos mamá!!
- Carl, no seas impaciente... ¿ves? Ya está terminado.

El niño, sólo en calzoncillos, corrió hacia donde su madre estaba sentada y en un abrir y cerrar de ojos, se vistió con el disfraz que su madre le había estado arreglando para ese día. Carl lucía un "maillot" de cuerpo entero, negro, con unas líneas cosidas sobre la tela con hilo (gordo) blanco. En conjunto, la imagen era de un chico de 9 años disfrazado de esqueleto, y tan emocionado que no cabía en su piel.

- ¡Hay que ver que guapo estás, cielo!
- Mamá...¿falta mucho para que llegue Lail?
- Pues no... deberían estar ya aq---

El timbre interrumpió la frase antes de que Marian pudiera terminar.
Lail y sus padres habían llegado. El pequeño amigo de Carl iba vestido con una camisa blanca, ensuciada a propósito y con los puños y cuello rasgados. Unos pantalones manchados con algo que imitaba la sangre y unas converse "All Stars" negras, nuevecitas. Además llevaba la cara maquillada con tonos lilas y color sangre en las comisuras de la boca. Y Susan se había encargado de ponerle una bufanda porqué fuera hacía un frío considerable. Se notaba que tanto Susan como Lail (padre) se habían encargado un año más de que su hijo fuera el mejor vestido de la noche de Halloween, aunque se gastaran más de 500 £ sólo por una noche. Era un milagro que Lail (hijo) no fuera un niño mimado de los que dan asco.

- ¡Vaya Lail, que miedo das!
- ¡Este año el pequeño de la casa se nos ha vuelto un zombie! -dijo Lail (padre) sonriente-.
- ¿Y este esqueleto tan guapo? -preguntó Susan haciendo cosquillas en la barriga a Carl-.

En ese momento Harry salió de la cocina con el delantal todo sucio de restos anaranjados, y con dos calabazas vaciadas, limpiadas, con un par de caras talladas y forradas por el interior con tela negra, y que a la vez se unía por arriba a modo de asa. En conclusión: dos bolsas-calabaza.

- ¡Que chulas papá!
- ¡Gracias señor Mitchell!
- De nada chicos, ¡pero quiero que al volver las traigáis llenas de caramelos!
- Creo que aceptarán el trato con gusto, Harry -bromeó el padre de Lail, y todos rieron mientras los chicos examinaban aún las bolsas confeccionadas por el padre de Carl, que le habían llevado toda la tarde y parte de la mañana también-.

Los padres de Lail entraron en casa de los Mitchell y los niños salieron a la calle en busca de caramelos y chuches o, también podía ser, pastelitos, no perderían la esperanza.

Los chicos tenían la ruta estudiada: primero la casa de los Marshall, unos abuelos entrañables a quienes su hijo y su nuera llevan años sin visitar (tienen una nieta que ni conocen). Desesperados y con carencias de afecto, son generosos con los caramelos.
Después los Taylor, un matrimonio americano cansado de Nueva York, y su hija Carol, la chica rubia de 17 años más popular de todo el pueblo. Conscientes que son populares gracias a la chica, se lucen con chocolatinas para que la gente hable bien.
En tercer lugar, unas cuantas calles más abajo, la señora Collins, una mujer entrada en la cuarentena que intenta quedarse embarazada (pero lleva el tema con discreción, o lo haría si su vecina no la hubiera descubierto sin querer un día mientras pegaba la oreja a la pared para escuchar su conversación por teléfono y se lo hubiera contado a todo el barrio) que sólo logra relaciones amorosas frustradas porqué en el fondo está enamorada de su jefe. Le gustaban los críos, así que daba buenos premios.

Otra opción era la residencia de las hermanas Larsson, dos mujeres de treinta años que buscan desesperadamente dos hombres (a ser posible) para casarse o lo que sea, pero para siempre, y como nunca se sabe si el niño que llama a la puerta es huérfano de madre... dan unas bolsas de chuches y bombones muy ricas.

Y finalmente la casita de Rachel Woods, la estudiante que asiste a Oxford pero vive fuera de la residencia. Cada año monta unas buenas fiestas de Halloween, así que resulta más cómodo dar caramelos de los buenos, así es más rápido y se ahorra las quejas.

Pero ese año, la casa de Rachel no fue la última que visitaron. Tras la casa de la estudiante, en la cima de una colina se alzaba una mansión que siempre había restado abandonada. Pero ese año a los niños les llamó la atención: había luz en las ventanas.

- Carl ¿tu sabes quién vive allí?
- Pues no... ni sabía que nadie se hubiera mudado al pueblo...

Lail miró pícaro a Carl.

- ¿Quieres echar un vistazo a los nuevos?
- Pero Lail... no lo sé... no me parece buena idea.
- Vaaamooos... ¿y si nos dan unas grandes bolsas de chuches como presentación en el pueblo? ¡ O pastelitos!!!!
- Lail...
- ¡Venga!

Lail agarró por el brazo a Carl y echó a correr hacia la mansión.
Al llegar, las cosas no fueron más apetecibles por Carl: la puerta, desmesuradamente alta y toda podrida. Y las paredes estaban igual. Se sentía un olor a orín de los perros que habían meado durante años allí. A fuera era ya de noche, y la luz de la mansión había menguado, sólo había alguna luz encendida en las últimas ventanas. Pero Lail parecía incluso emocionado.
Y llamó a la puerta, ignorando los peros que Carl le intentaba decir.
La puerta se abrió y apareció detrás, una silueta vestida de negro con una máscara de cara entera, parecida a la cara triste del teatro griego.

- ¡Trick or treat! -dijo Lail con una sonrisa en la boca, una sonrisa que se le borró inmediatamente-.

La figura miró a los dos niños y Carl dio dos pasos atrás. Entonces todo pasó muy rápido: La forma cogió a Lail y Carl intentó agarrar a su amigo por el brazo, pero sólo pudo coger la calabaza que al tirar de ella su asa cedió y petó, tirando todos los caramelos por el suelo. Lail y la figura desaparecieron en la oscuridad de la casa, y de golpe los gritos de Lail cesaron.
Y entonces, la silueta reapareció y postró delante de los ojos de Carl al pequeño cuerpo sin vida, con la cabeza abierta y a quién habían degollado, Lail. Todo el pecho del niño estaba cubierto de sangre.
Los ojos llenos de lágrimas de Carl se posaron en los vacíos de vida de Lail.
Entonces la figura se agachó y recogió un caramelo en forma de esqueleto, que ofreció a Carl.


Have a frightening Halloween
!!

A
nne.

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15 Agosto 2009

Thoughts

Si hay algo que resulta realmente odioso, y que a pesar de ello no puedo remediar, es la de tonterías y malabares que una hace para que el resto de la sociedad la acoja. Ese constante intento de formar parte de una "familia" aunque seamos conscientes que se parece más a una secta. El gustar a los demás.
Remover cielo y tierra para que una determinada persona se fije en tí, y después, la lucha para que te quiera. Y sabemos que siempre (tarde o temprano) acabará en dolor, irremediable y tenaz dolor. Y que sólo gustar a otro tapará ese primer dolor, cosa completamente ilógica porqué solo conseguiremos otra bofetada moral.

¿Y la de veces que hacemos burradas para que nos acepten? Tales, que se nos van de las manos, y que terminan logrando el efecto contrario al que queríamos nosotros.

Tengo cada vez más claro que estamos condenados a una esencialidad de dolor, y hay quién me considera por esto una adepta de Schopenhauer. Jamás diré que Arthur no llevara razón, pero crea o no en el empirismo, he pasado por ello miles de veces, y me estoy hartando. Pero lo que me fascina es que repito una y otra vez los mismos errores; el más frecuente es no fijarme bien si él tiene las cosas claras o no.
Todas esas dudas, la sensación que nace en ti de inseguridad sobre si ha cambiado algo en él que hace que te rechace, y lo que conduce a errores de esos que no se pueden arreglar.

En definitiva: vaya mierda.

Felicidades a todas las Marías, que no son pocas.

Anne.

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4 Julio 2009

Mundo de porcelana...

Aún no me había acostumbrado al caos del viento que me despeinaba. Con el nuevo pelo corto, los cabellos se me embrollaban entre sí, creando un verdadero laberinto para los dedos.

La gente pasaba por mi lado, o más bien era yo la que cruzaba a través de la uniformidad de seres que, visto des del aire, debían de parecer una masa amorfa y triste.

Nunca me lo había parado a mirar desde ese punto de vista: hasta entonces, vagaba por las calles de Londres y -si en ese momento pensaba- quería creer que cada persona de la calle estaba en su mundo; pero ahora ya no me hundo en esa mentira, todos esos andaban dando tumbos sin sentido, como programados para concebir las acciones a realizar, y sin una opción mínima a libertad. Y lo peor, inhibiendo la razón. Ya no sabía que eran, pero eso no eran humanos.

Metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo, rojo, y levanté los hombros para esconder la nariz dentro del cuello del abrigo. Otra ráfaga de aire me puso todo el pelo hacia atrás y dejándome la frente libre.
Adoro este frío.
Llegué a Bradmore Park, y me senté.
Por delante mío pasó una chica joven, que a pesar del frío, iba escotada y con minifalda y con más maquillaje de colores en la cara que unas luces de neón de discoteca.

"Deja ya de bailar,
que se acerca el tiempo
de las soledades
y de los silencios.
Por más que te remoces,
perderás el zapato
antes que den las doce.
Distante cenicienta de porcelana,
el naufragio puede sorprenderte
en tu amable burdel,
encerrada en tu piel
y sin nada que ponerte
." [...]

La voz cantó esta canción sentada a mi lado, mientras veíamos que la chica desaparecía entre la multitud.

Anne.

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30 Mayo 2009

A Story (5)

En cuestión de pocos segundos, la sangre que se había congelado en mis venas, me subió de golpe irrigándome el cerebro. Salí de detrás de la esquina corriendo hacia allí. Pude oír los gritos susurrados de Eva a mi espalda. Mientras, ella ya se había metido dentro del bote con Gabriel. Frené al estar cerca de Joseph.
- Joseph, eres una sucia alimaña de cloaca.
- Y tu una zorra entrometida. Deja que el pobre chico se vaya, te quiere perder de vista Emma, y ya le he dicho que es lo mejor que puede hacer...
Alcé mi puño y andé hacia él.
- Te voy a partir la cara, pedazo de--
Noté una mano que me agarró; Gabriel me cogió con fuerza por el brazo que tenía alzado. Se había demacrado, parecía 40 años mayor. Estaba pálido y delgado, como alguien muy enfermo. Sus ojos, tan azules, se clavaban amenazadoramente en los míos. Todo quedó parado unos instantes.

- Vete.

La palabra que rompió el silencio contenido en el puerto. Supongo que fue por todo lo que había pasado en a penas 10 horas, pero no pude evitar llorar mientras tenía la mirada fijada en sus ojos, llenos de odio. Un odio que no sabía de donde venía.

Todo empezó hacé 2 semanas, por la tarde. Se puso a llover a cántaros y no podíamos salir del Blue Jazz. Yo fuí al baño. Cuando salí vi a Gabriel hablando con una mujer que estaba sentada en mi sitio, de espaldas a mi. Gabriel estaba serio. Yo me esperé delante de la puerta del baño de chicas, tapada por la multitud de dentro del bar. Cuando ella se levantó y se fue yo volví a la mesa. Entonces vi a un Gabriel diferente al de hacía 10 minutos: serio, triste y cabreado, inmerso en su mundo. Era como si un horrible sufrimiento salido de la nada le atormentara. Pero decía que no le pasaba nada. Le pregunté por esa mujer, y miles de veces, pero nunca me dio ni una respuesta.
A partir de allí las cosas se torcieron. Le llamaba para ir a comer, para dar un vuelta, para ir al cine o a pasar el rato en el Blue Jazz; pero dijera lo que dijera siempre la misma respuesta "no, no me apetece" o ni me cogía el teléfono. Hasta que tras una semana de no verle, un día fui a buscarle a casa pensando que podía estar deprimido, y al decirle que no podía encerrarse me cortó alargando la frase: Te he dicho que no quiero verte, déjame en paz. Parecía enfadado conmigo, pero yo no le había hecho nada. Estaba huraño, frío y behemente, como irado. Me aparté de él, y pensé que si era un amigo, tarde o temprano vendría a hablar conmigo. Pero no fue así.
Y yo no entendía qué pasaba. Hasta que hace dos días Eva me dijo que había visto a Gabriel varias veces con esa mujer morena, pero no daban imagen de pareja, sino como que Gabriel la siguiera a dónde fuera que ella fuese. Eva también dijo que en ningún momento les vio hablar, nunca. Y fue cuando decidí volver a intentar hablar con él. Pero no quiso. Acabó gritándome, diciéndome que saliera de su vida, que no me metiera más, que no se separaría nunca de ella. Que no necesitaba a nadie ni nada más. Viendo esa conducta enloquecida, ayer Eva y yo decidimos que hoy nos llevaríamos a Gabriel a mi casa y vigilaríamos que no se fuera. Pero por la mañana me han llamado del hospital por mi padre y he tenido que dejar a Eva sola con Gabriel en casa, y por ello ahora estaba así, en el puerto y con él agarrándome el brazo.

- Vete de aquí.
- ¿Porqué haces esto?
- Vete Emma, lárgate de una vez.
Me soltó el brazo.
- No puedes irte sin más.
- Me voy con Zaida.
- ¿Sólo por ella? Oye, puede que te hayas enamorado, pero si ella no lo comparte no tiene sentido que--
- No te engañes, no va de esto, imbécil -dijo la frase sin entonaciones, ninguna expresión, en un tono completamente en línea recta-.

Entonces, Gabriel giró la cabeza hacia atrás y de allí salió ella.
Zaida era una mujer alta; con melena negra; de piel blanquísima, pálida como un muerto; no tenía color el las mejillas, y tenía unos ojos tan negros que no se le diferenciaban las pupilas. Salió de la sombra hacia la luz del fanal, pero parecía que hubiera aparecido de la nada, silenciosamente.
En aquél momento sentí frío por todo el cuerpo. Ya no sabía absolutamente nada de lo que estaba pasando, i ni estaba segura de si saldría de ese lío, pero tenía la completa certeza de una cosa: Zaida no era un ser humano corriente.  

Anne.

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